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sábado, 7 de abril de 2007

Incursión a Moscú (2)

Espero que estén disfrutando de la semana santa.

En nuestro anterior artículo nos quedabamos a las puertas del metro de Moscú en hora punta. Imaginénse el metro de semejante ciudad a esas horas. Más que los vagones vayan llenos lo que se colapsan son los accesos, así, en las escaleras mecánicas se forman embudos en los que te van apretando y estrujando mientras avanzas (no haría falta ni apoyar los pies en el suelo) hasta que haces una especie de "plop", se libera la presión y ya estás bajando por la escalera mecánica.

Mucho se ha hablado y escrito ya sobre el metro de Moscú y sería cansino repetirlo pudiendo encontrar en internet abundantes comentarios y fotografías. Recordar tan solo que a diferencia de Peter aquí no se funciona con moneditas sino como en billetes de uno o varios viajes.

Fuímos al consulado español a resolver papeleos y una vez liberados pudimos disfrutar del día primaveral que nos ofreció la ciudad dando un paseo hasta el centro. Por el camino se nos ocurrió subirnos a un tranvia pensando que el sistema sería como en Peter en donde puedes subir por cualquier puerta y dentro te cobran. Subimos tan ricamente por la parte de atras cuando vemos que no hay cobrador y empezamos a intuir que hemos hecho algo mal... parece ser que los billetes se compraban en algún lado (quizás como en italia que los billetes de bus se compraban en los estancos). Tampoco nadie nos dijo nada ni nos miró mal (cantaríamos a turistas que ni sé) pero por si acaso nos bajamos.

Así como en Peter las cafeterías abundan por doquier, encontrar una en Moscú fuera del centro parece ser una odisea y hasta que ya no llegamos cerca del rio no empezamos a encontrar sitios. Cerca de la parada de metro de Novokusnetskaya nos topamos con una encantadora y decadente iglesia barroca (decimos decadente en el sentido de que el exterior estaba bastante deteriorado, claro que era católica y quizás fuese a la cola en la lista de restauraciones) y por esta zona ya se puede encontrar varios sitios para tomar algo (MacDonalds incluido). Nosotros nos metimos en un local de la cadena Shokoladnitsa en donde se puede almorzar decentemente por 200 rublos (unos 6 €). Servidor se metió un tazón de sopa de pollo, dos blinis (crepes) de carne y helado más té por dicha cantidad así que como vereis para ser el centro de la ciudad más cara del mundo no está nada mal. El sitio es limpio, elegante y con buen y rápido servicio y además como elemento decorativo y curiosidad antropológica uno puede observar a los bussinessman moscovitas.

Armados de calorias retomamos nuestro camino hacia la Plaza Roja. Entrando desde el sur atravesamos el rio por el puente y ya desde éste la vista del Kremlin es impresionante, sumando además a la derecha el rascacielos de Kotelnicheskaya, una de las siete torres de igual diseño hechas durante la época estalinista y que dan su personalidad al paisaje moscovita.

Vista de la Plaza Roja desde el puente de Balshaya Ordinka
A la izquierda vista del Kremlin
A la derecha vista del rascacielos de Kotelnicheskaya
Una de las torres del Kremlin. La estrella que remata la torre es de rubíes

Respecto a la Plaza Roja y el Kremlin poca cosa se puede contar que no conozcais o hayais visto en mil y un documentales (San Basilio, Tumba de Lenin... etc.). Si vais vereis la omnipresente presencia de la memoria de la II Guerra Mundial: los soldados caidos, las ciudades heroes, la estatua ecuestre de Zhukov aplastando el aguila nazi... un episodio que supuso una hecatombe para Rusia y que siempre es recordado como la gran guerra patriótica.

Desde esta zona nos dirigimos a la Iglesia de Cristo Salvador, símbolo de la restauración cristiana ortodoxa en Rusia. El templo actual es una recosntrucción de uno del s. XIX que se situaba en el mismo lugar y que fué dinamitado en 1931. La iglesia es imponente pero tiene ese gusto raro de lo nuevo que quiere imitar lo viejo. Por otro lado me comentaron que toda las reliquias históricas que posee la iglesia ha sido lamentablemente sustraidas de otras iglesias del país. Quizás en un pobre intento de dar algo de caché al templo del nuevo régimen. Cabe destacar también el borderio de los empleados malafolla de la iglesia (con situaciones del tipo: "¿puedo comprar unas velas?", "No es aquí", "¿Donde puedo?", "¡que no es aquí!"....).

Iglesia de Jesús Salvador

Vista la iglesia y ya entrando la tarde nos salimos del centro y aprovechando la buena tarde fuimos a un parque a orillas del rio en la zona de Kolomenskaya, donde había varios chiringuitos de madera en los que se podía degustar cositas a la parrilla (pinchos y tal). Por desgracia nos metimos en uno que debía ser el peor de todos donde nos cascaron tres trozos de carne de cerdo mas seca y dura que la suela de un zapato con ketchup para remojarla... pero bueno, no se puede acertar siempre. Ya cansados de las caminatas del día, en la misma zona nos metimos en un cine a descansar y a hacer tiempo para luego volver a coger el metro para la estación.

Cerca de las estaciones de tren o autobús siempre suele haber un cierto ambiente turbio pero en el caso de la estación de Leningradsky más todavía. Mucha gente, malas vibraciones... Nos metimos al tren, yendo esta vez en literas de tercera clase (esto es, sin compartimento cerrado) y si bien en este viaje de vuelta dormí por cansancio, sí que la primera parte de la noche hizo un calor horrible, por lo que realmente recomendaría al viajero llevar alguna camiseta o muda. Y por lo que sea tampoco apagaron las luces pero ahí no me pillaron porque desde hace ya tiempo no viajo sin mi antifaz de la British Airways.

Salimos de Moscú sobre las 9 menos cuarto y llegábamos a Peter a las 5 de la mañana, recibiéndonos en la estación el busto de Pedro el Grande. Como el metro no abría hasta las 6 menos cuarto tuvimos que hacer tiempo en una cafetería de la estación. Pero si algo tenemos en Peter son buenas y abundantes cafeterías.

En resumen. Moscú es uno de esos sitios que hay que conocer. Hace unos diez años estuve en el Vaticano y esta vez en el Kremlin, ya conozco dos de los grandes centros de poder del mundo. Si bien Peter es una capital imperial decimonónica Moscú sin embargo es una capital posmoderna, que en algunos momentos se puede antojar gris y hostil, en otros maravillar con sus moles arquitectónicas y en otros mostrarse amigable en las pequeñas calles del casco antiguo.

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